viernes, 28 de marzo de 2014

La gente está quieta

La gente no se mueve
La gente no habla
La gente no ríe

¿Y la loca soy yo?


miércoles, 15 de enero de 2014

El día que me voy

Desde que nos roban la libertad cuando nacemos sin ser llamados, mientras crecemos en la cultura y sociedad pertinentes. Y hasta que abres esos ojos mal educados y te das cuenta de que comercializan con todos los bienes naturales, joder ostia, NATURALES. Ni míos, ni tuyos, sino nuestros, de todos, de la na-tu-ra-le-za. Siempre he querido marcharme desde entonces… Buscar la respuesta. Sé cuál es, pero no sé dónde está. Decidí que ese día tiene que ser hoy, hoy o mañana, pero cuanto antes. No se debe perder el tiempo.
Me desperté sobresaltada, pues una pesadilla en la que me vi ardiendo en una isla, me deslizó los dedos sobre los ojos para abrirlos deprisa. Pensé que no tenía oro, pero me levanté decidida a buscar la manera de robar un poco, venderlo e irme lejos, no necesariamente en ese orden, aunque la situación así lo requería.
La primera noche la pasé en la calle y me sentí bastante sola. La siguiente en un hostal y no conseguí sentirme menos sola, aunque sabía que alejarse de todo era lo correcto.
Y por fin, por la calle, me volví a encontrar con ese talentoso muchacho que tocaba el arpa como un mismísimo dios. Entablamos conversación y nos fuimos a comer algo barato, las monedas que teníamos, acordamos que no llegaban para una mariscada. No se podía.
-          Me pareces conocida – me dijo mientras masticaba aquel pobre y mísero bocado.
-      Puede que me hayas visto otras veces. Mientras tocas en la hierba, yo te observo tras un muro y quizá tu subconsciente se ha percatado de mi presencia en algún momento.
-          Puede que sea eso, o puede que seas ella.
-          Pero tú no eres él, ni siquiera un proyecto.
-          Te puedo enseñar muchas cosas.
-          ¿De tu cuerpo, dices?
-          Y de mi cuerpo, digo… Pero más cosas.
-          Podrías empezar por no dejarme dormir sola otra noche. No porque me atraigas sino porque necesito la compañía, o al menos necesito probar si podría ser de calidad. Aunque me estaba yendo de nuevo.
-          Lo bonito de no estar atado a ningún lugar, la verdadera libertad.
-          ¿Ser nómadas?
-          Sí, tú y tu soledad.
-          Me gustaría que pudiésemos, a partir de ahora, encontrar la comprensión y el placer.
-          ¿Placer? Sólo el que te daba él. No conoces otro.
-          Deja de hablar como si me conocieras.
-          Todos debemos crecer un poco, a pesar de pasarlo como niños, abrir siempre más los ojos.
-          Dije que me iba y me voy.

Él la sigue.
Esa noche ninguno duerme solo y por una vez nada importa. Y por una vez le ven la cara pálida y triste a la libertad edificada con hipócritas esperanzas.
Pocas veces puede vérsela.
Pocas veces es mostrada.
Nos la esconden día tras día, todas las palabras.  

martes, 14 de enero de 2014

Verano de cara manchada de hielo

El gato trepa por las paredes matando arañas,
pero el mundo va a seguir o va a estallar y yo ya no voy a estar.
Me muero.
Lo sé.
Lo siento.
Este es mi cuerpo.
Y estas cosas se saben, ¿no?
Lo puedo asimilar.
Sabiendo que disfruté de cada día.
Que si leí tus textos,
Que si me organicé.
No.
No me interesé ni por ti,
ni por mí.
Qué puede ser más triste,
Una vela mojada,
Una cama vacía,
O una noche de hospital.
Yo ya no sentía.
Después de haber sentido tanto
Ahora daba todo igual.
Y qué puede haber más triste,
Las horas sin tu almohada,
El disfraz de la mañana,
El adiós eterno de tu mirada.
Una historia de cafeína furtiva en el bolso,
Alguna copa de más,
Mancha en el pantalón por el césped del parque,
Sólo por disimular.
Torbellino, ¿de qué? 
De malestar,
De sonrisas fingidas,
Bolígrafos gastados y besos en algún bar.
Momentos intermedios que sólo sirven para pasar.
Esto acabará algún día, mientras tanto escribo y bailo.
Sonrío e ignoro, sino no puedo.
Muero.
El último de la noche se unificó con el primero de la mañana y nunca llegó a haber un descanso tranquilo.
Abstinencia de besos,
Lenguas y dedos en el coño.
Necesitamos tocarnos para no sentirnos putrefactos.
Dueños de nuestros pasos,
Desafiamos al tiempo manteniendo la esperanza,
Aunque sea coja o ciega. Quien pueda.
El inconformista, el que tenga valor, 
por él brindo hoy
Y masturbo mi cerebro
También pensando en destripar a la desidia de mañana
Muero.

Tumbada

Necesito huir
Contigo o sin ti
Da igual ya
Si piensas o no como yo
Como solía pensar mi egoísmo de ganas de vivir
Necesito que el corazón de la ciudad lata en el lugar del mío
Vibrar más allá de la razón y los porqués
Mis ganas de mañana brillan
Pero no encuentro el interruptor del hoy
Pude comprender por la ausencia de los demás que no lo entendía
Todos hablan sin decir nada
Si hay algo se lo callan
Una vez a la deriva
Y sola en la ciudad
Te voy a llamar
A ver si puedes recoger mis pedazos
Y llevarlos a cenar
Déjame dormir hoy en tu hogar
De suelo sin prejuicios
Y ventanas de esperanza
Quién lo iba a decir
El que no es loco
Cuánto se puede llegar a aburrir
Pues prefiero ir corriendo bajo la lluvia en la madrugada
Que dar vueltas en cama

"El odio es un lastre"

Odio a la gente que no es libre. 
A los conformistas.
A los que no tienen motivaciones. 
Ni aspiraciones.
Odio a la gente que se queja continuamente. 
A los que prejuzgan y a los que se lamentan. 
A los que son incapaces de admitir sus errores como propios y no como ajenos. 
A los no capaces de sonreír. 
Odio a los que no se enteran de nada y a los que se enteran de todo. 
Odio ser impaciente. Y algo intolerante.

viernes, 10 de enero de 2014

Impuntual impertinente

Llego tarde a las horas 
que pasan sin percatarse de mí.

Pero entonces me dejo llevar
y sé que lo estoy haciendo bien así.

El presente me parece un buen momento y suficiente

Vivo varias vidas,
intento que sean simultáneas en la medida de lo posible.
Vivo varias vidas,
con diferente gente.
Pues sólo se está aquí una vez
y yo quiero vivirlo múltiples veces.
Hacer todo,
todo el tiempo,
no volverme loca en el intento.
Continuamente alejada
de las paredes de cemento.
En contacto más 
con la naturaleza
que con lo artificial.
Pintar sonrisas en las paredes de las calles,
mejor que ahogar de lágrimas el sofá.
¡Música predico!
¡Canciones alegres!
Manifiesto positivismo.
Con esfuerzo.
Intentando constantemente.
Pues nada lo pone fácil.
¿Flagelarse para qué?
No pienses que tienes a alguien,
porque de repente no es así para nada.
Me encontraba anulada 
por la falta de intimidad.
Y la desidia.
Pero quería,
algún día,
pronto,
poder hacer muchas cosas.