Enserio enmudeció. El atardecer era rosa y naranja. Él lo miraba sabiendo que el destino era una caja de pino. Pensamos que no volvería a hablar nunca. Nadie quería mantenerlo aquí en contra de su voluntad, él quería ser libre sin existencia. Le borramos las trabas.
-¡Suéltame que viene alguien!
-¿Enserio?
-Jajaja, no, en serio no. No me sueltes.
Sus últimas palabras fueron "me aterraba quererle".
¿Ves? Ya nadie se lo tomaba como tal. Por la radio, a la hora de la comida "conducción y regreso". Quizá alguien lo echará de menos. Tú y yo no.
Ahora a amontonar papeles de seguros. Incendiar sus cosas y sus relojes de plata viejos de colección. Ahora a empezar de nuevo, a acostumbrarse a su ausencia y a que el olor a frambuesa y ajo no esté. Mientras tanto, ámame y al acabar también.





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