Él otra vez le echó un pulso a la velocidad, otra vez se la jugó con ella y de nuevo perdió. Nunca está satisfecho. Al mismo tiempo, ella escondía un poco de droga en el sujetador en una taberna subterránea. Una amiga le preguntó:
-¿Estás bien?
-No del todo.
-¿Entonces por qué fumas?
-Fumo porque intento que todo vaya normal.
Callados, incómodos, cuando el hambre baja en ascensor llegando al manto inferior de la tierra. Entonces se nota en el ambiente que algo no va como siempre.
¿Lo ignoro o es que realmente no está pasando?
Y se sumaron los días, los besos, las caricias y demás cucamonas.
Seis, esto no se para, seis.
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