viernes, 5 de noviembre de 2010

Piel

-Riégame a diario, ¿Quién te has creído que soy? No tienes ni idea.
-Vomita todo lo que puedas, date golpes con el paraguas y sal fuera a tomar el aire.
-¿Ves de que ha servido todo?
-Sí.

La reunión fue en una cocina púrpura, todos asistimos de traje, sí camisa y no corbata. Hablamos de limpiar la sangre de los baños y de las camas, o de deshacernos de los objetos que tuvieran manchas imborrables. Llegó la pelirroja por la puerta y los reunidos malamente disimulamos. Alguien dijo:
-Oye Will, tienes un algo que nos embruja a todos, nos encantaría invitarte a un trago pero ahora mismo debes irte, no hagas preguntas, solucionamos un problema y te llamamos.
Sin decir nada se mojó los labios con ron cubano y posó el vaso en la mesa. Se dio la vuelta y obedeció.
Antes de seguir con la reunión ella asomó media cara por la ventana y dijo:
-Hay que ver, cojones, lo bonita que es mi cocina.
Todos sonreímos. Todos la amábamos.
Cumplimos con el trato de limpieza. Todo sucedió sin imprevistos.
Lo único que se encerró entre rejas, fue el sentirse culpable. 




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