Abre el grifo del agua caliente, la atmósfera del baño sabe a vapor y la espuma ya aparece en el agua. Se da un baño. La pistola está cargada, sobre el retrete. Se pone un albornoz. Ella.
Se frota los ojos con las manos, se sienta en la cama y bebe un poco de agua de la botella pintada de rosa con pincel. Se pone una camiseta vieja y un pantalón de deporte. En el congelador coge una tarrina de helado, y lo lame, le deja un buen sabor de boca y se pone el albornoz. Él.
Se reúnen.
El orgullo y la satisfacción hacen equilibrios en una cuerda floja, se miran y sonríen con complicidad. Noviembre admira, envidia, y camina sobre hojas amarillas en forma de corazón.
Diciembre espera impaciente en una esquina llorando de felicidad y nervioso por que llegue su momento de gloria.
El material onírico se hizo polvo. Los dos se pusieron a barrer con sendas escobas.
Deliciosamente.

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