martes, 28 de diciembre de 2010

Plagas

Si me sangran las manos, ¿soy jesucristo o satanás? 
Aunque sea cual sea de los dos... Tengo que pedir perdón por ser mediocre. 
Y lo que he dicho no existe, el sabor se desvanece porque si en algo no creo, 
a parte de en nada, es en la justicia. Tráeme esa chimenea de placer palpable. El resto es sólo relleno de lo efímero. Otro calendario más. ¿Otro recuento de lo positivo y negativo? Pero ante todo nada de promesas inútiles para lo que viene. Pensándolo bien prometo no soltar. Prometo avariciar y monopolizar. Y prometo no rezar. De todas formas, olvídalo porque prometo no prometer. Y venga segundos platos, segundos asaltos y automatismos desenfrenados versionados. ¡Eh! Otra ronda, para mí sin cafeína, por favor. Y sexo oral. 



sábado, 11 de diciembre de 2010

A cada uno su cine, mi parte.

La cretina alemana de bonitos pechos llama por teléfono a una amiga para ir a dar una vuelta. Chapurrea unas palabras en español y quedan en la tienda de regalitos porno-simpáticos de la esquina. Una vez allí se van al apartamento de unos aspirantes a drogadictos y se meten un par de rayas con ellos. Souli toca bien el bajo y hace que todo parezca una nube de cianuro y mercurio. Ahora un par de porros de exótica marihuana y un poco de hachis. De fondo una película de Disney a la que nadie presta atención. Ya algo tocadas por el efecto de las drogas las dos amigas deciden ir al cine. A ver, entre carcajada y carcajada, curvas las rectas y rectas las curvas. 


Heroína

Se dio a sí misma el masaje de la muerte  sin saberlo.
Sobrevivió y dijo "pedir perdón no es darle al botón del olvido".


miércoles, 8 de diciembre de 2010

el sombrero de paja y la lombriz

Yo lo que quiero es una azotea como "domingo astromántico"



En un barrio bajo de alguna ciudad, vivía un sicario de poca monta politoxicómano que la llenaba de vitalidad. Para ella, era mejor que cualquier droga.

Lo cierto, era que hacía meses que ella empezaba a sospechar de sus caricias. Hacían que sus sentimientos se lanzaran contra la pared, rebotaran y salieran por la puerta para ir por el mundo a toda velocidad como torbellinos plateados, con ganas de estamparse en alguna cuneta con nombre de final.
Ambos, habían ensuciado la mesa de la cocina con arruinados pecados. La chiquita lo tuvo que limpiar con una bufanda vieja mientras él la observaba desde el marco de la puerta.
Ella añoraba sus mordiscos sabor manzana, le hacían plasmar sus comportamientos vampíricos cerca de su ombligo. Abrieron el minibar. Destruían juntos y revueltos el más verídico de los paradigmas.
-          Enciérrate conmigo sin límite de horas, toda la cuarta dimensión.
Era o eso, o dejarlo todo e ir al cine o hacer un picnic. Se escaparon de los disfraces juntos, daba igual a donde fueran.
-                     Yo puedo reparar tus daños si me dejas.
Ensucia y no limpies, se vio en la obligación de comportarse como una impertinente porque siguieron dejando notitas en la nevera con un imán. Cuánta madurez, pensó. Cuánta valentía. Tanto buen karma no le dejaba ver el horizonte. Entonces llegó a la conclusión:
-                 Y como un perro ve la vida en blanco y negro y tú y yo a todo color, es posible que sea buena idea aprovecharlo. Pintemos las paredes de rojo chillón. 

sábado, 4 de diciembre de 2010

Conseguir volar

-¡Julio levántate a ver esto!
-¿Qué es?
-Vente y compruébalo tú mismo.
-Estoy viendo la televisión.

Portazo.
El marica escapó de casa porque estaba harto de la situación envolvente de palabras oscuras con significado nulo que distraían su rutina. Pensó que lo mejor era irse a la cálida casa de la que había sido años atrás su suegra. Quizá no le recibiera con la misma amabilidad hoy, pero al menos en su casa a la hora de cenar siempre había para escoger entre tres platos. Eso sí que era un lujo, incluso tenían alfombras de colores, como estas que están de moda. Siempre quiso unas para su apartamento compartido. Compartido con la anarquía y sin las caricias. Hierro herido escurridizo por las calles, chispas le decían. Cambió de opinión, ¿que sentido tenía volver a esa casa con alfombras coloridas? Se sentó en un portalón viejo a ver pasar la noche, los coches, las luces, la contaminación acústica. Cartón de vino y colchón mejor. No, volver al apartamento a su vida de amor mediocre es la decisión acertada.





-¿Dónde has estado?
-Quería tener otra vida durante unos minutos, felicidad en todas partes o amor odio en el apartamento. No hay más opciones.
-Vete a ver la aurora boreal, lárgate porque aquí ya no queda nada que hacer. Además, estoy viendo una serie muy entretenida.
-La aurora boreal es mi salida y allí es de noche tantos días, con el mío, el índice de suicidios quizá suba un milímetro.