-¡Julio levántate a ver esto!
-¿Qué es?
-Vente y compruébalo tú mismo.
-Estoy viendo la televisión.
Portazo.
El marica escapó de casa porque estaba harto de la situación envolvente de palabras oscuras con significado nulo que distraían su rutina. Pensó que lo mejor era irse a la cálida casa de la que había sido años atrás su suegra. Quizá no le recibiera con la misma amabilidad hoy, pero al menos en su casa a la hora de cenar siempre había para escoger entre tres platos. Eso sí que era un lujo, incluso tenían alfombras de colores, como estas que están de moda. Siempre quiso unas para su apartamento compartido. Compartido con la anarquía y sin las caricias. Hierro herido escurridizo por las calles, chispas le decían. Cambió de opinión, ¿que sentido tenía volver a esa casa con alfombras coloridas? Se sentó en un portalón viejo a ver pasar la noche, los coches, las luces, la contaminación acústica. Cartón de vino y colchón mejor. No, volver al apartamento a su vida de amor mediocre es la decisión acertada.
-¿Dónde has estado?
-Quería tener otra vida durante unos minutos, felicidad en todas partes o amor odio en el apartamento. No hay más opciones.
-Vete a ver la aurora boreal, lárgate porque aquí ya no queda nada que hacer. Además, estoy viendo una serie muy entretenida.
-La aurora boreal es mi salida y allí es de noche tantos días, con el mío, el índice de suicidios quizá suba un milímetro.
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