Con algas resecas, cangrejos muertos, todo muy bien empaquetadito. Los niños gritaban de pánico. Algunos más tranquilos miraban con asombro y curiosidad. Al más pequeño le caía la baba mientras seguía durmiendo. "Son los padres".
Pero sí, hay algo de verdad en todo esto... Que no me apetece hablar más.
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