jueves, 17 de febrero de 2011

En voz baja

- ¿Has oído lo que se comenta por ahí? Dicen que los ceniceros de las tres tabernas que hay en este barrio son cráneos humanos.
El acompañante del muchacho que acaba de decir eso dirige su mirada hacia él, luego hacia los ceniceros que hay colocados en cada una de las mesas. 
-¿Tú te crees esas tonterías? 
-Pienso incluso que son el resultado de algunos asesinatos que recientemente han tenido lugar en la comarca. Ya sabes, amigos que hacen favores y se ofrecen a usar la tapadera de los ceniceros. 
-¿Y que pasa con el resto del cuerpo? 
-Si eres asesino tienes que tener un amigo en cada oficio. 
-¿A qué te refieres?
-A ver, creo que cada parte del cuerpo la destinan a sus correspondientes tapaderas. Distintos oficios que...
-Basta de fantasmadas Rober.
El camarero se acerca llevando con él un perro en los brazos.
-¿Van a tomar algo más?
-Sí, otras dos cañas por favor.
Ambos amigos miran al chucho. 
-Oh... Es de mi hermana, se ha ido a un viaje de negocios y no ha podido llevárselo. A mí me encanta y odio tenerlo solo encerrado en la trastienda así que lo llevo conmigo. 
Sonríe y se retira. Los muchachos responden a la sonrisa. Cambian de tema.
-Cuando era joven odiaba a mi abuela. Cada vez que venía a timbrar me escondía en alguna habitación con la luz apagada para que ella pensara que no había nadie y así no tuviera oportunidad de dirigirme la palabra.
-¿Y eso por qué?
-Porque era una egoísta, sólo pensaba en ella. Está bien pensar en uno mismo y ser egoísta, pero al menos no toda la vida... Preocuparte no sólo de ti te ayuda a no morir solo. 

Mientras, el camarero se mete en la cocina y cierra la puerta. Hay  un hombre viejo sentado en una silla. 
-Nunca me hubiera imaginado que los vecinos llegaran a rumorear que los ceniceros son de cráneos humanos. Sospechando los tíos. Se creerán detectives o algo... 


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