Y las cosas fueron cambiando,
como cambian las paredes de un bar en el que se puede firmar
y no fumar.
Pero en este caso, dolía mucho más.
Por eso le era necesario saber que por ella, él, con sus pies tocaría ríos de lava y con su lengua los cristales líquidos que en el interior de la tierra se encuentran. Sólo por ella.
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