No sé hasta que punto es relevante empezar detallando el tiempo atmosférico cuando se empieza a contar una pequeña y diminuta historia. Con previo aviso de que eso, en este caso concreto no era necesario, el día era soleado.
Un coche llega despacio y se para delante de un gran portalón. Una madre coge unas flores del maletero y una garrafa de agua vacía. Le pregunta a su acompañante:
- Hijo, ¿no bajas conmigo?
- No...
Ella entra. El camino hacia la tumba es de piedras pequeñas por lo que los pasos hacen ruido. Se pone allí delante mirando el conjunto de piedras y flores. Por detrás aparece su hijo. Las espaldas de los dos. Mirando hacia sus familiares.
- Mamá si no crees en dios, ni en nada... ¿Por qué haces esto?
- Es una especie de respeto.
- ¿Respeto hacia quien? ¿Crees que hay algo ahí? ¿O que alguien recibe esto que haces? Además gastas bastante dinero en esos ramos preciosos para nadie y no es que nos sobre.
- Venir aquí me llena y demuestro que no he olvidado.
- Eso no hace falta demostrarlo pero te entiendo mamá.
El hijo finalmente se acerca a la tumba y la besa. Están un rato más y se van.
No hay comentarios:
Publicar un comentario