viernes, 15 de abril de 2011

55-200


No sé hasta que punto es relevante empezar detallando el tiempo atmosférico cuando se empieza a contar una pequeña y diminuta historia. Con previo aviso de que eso, en este caso concreto no era necesario, el día era soleado. 
Un coche llega despacio y se para delante de un gran portalón. Una madre coge unas flores del maletero y una garrafa de agua vacía. Le pregunta a su acompañante:
- Hijo, ¿no bajas conmigo?
- No...
Ella entra. El camino hacia la tumba es de piedras pequeñas por lo que los pasos hacen ruido. Se pone allí delante mirando el conjunto de piedras y flores. Por detrás aparece su hijo. Las espaldas de los dos. Mirando hacia sus familiares. 
- Mamá si no crees en dios, ni en nada... ¿Por qué haces esto?
- Es una especie de respeto.
- ¿Respeto hacia quien? ¿Crees que hay algo ahí? ¿O que alguien recibe esto que haces? Además gastas bastante dinero en esos ramos preciosos para nadie y no es que nos sobre. 
- Venir aquí me llena y demuestro que no he olvidado. 
- Eso no hace falta demostrarlo pero te entiendo mamá. 
El hijo finalmente se acerca a la tumba y la besa. Están un rato más y se van

No hay comentarios:

Publicar un comentario