La vi coger un par de ideas y hacer un ovillo de lana con ellas. De repente, me miró con los ojos entornados y me dijo que a veces, cuando no llevaba gafas, veía personas en lo que eran farolas y que se sentía un poco hidalga.
En esos momentos, en otro lugar, Imaginación se tiraba de espaldas al suelo. Mullidamente. Y hacía un balance de blancos con la luna.
Se quedaron dormidas.
Sin que hubiera amanecido el viento hizo vibrar las cuerdas del puente, que hacían un sonido peculiar. Pensaron que era el celular y se despertaron sobresaltadas.
Se rieron y entendieron que tenían un aspecto verdaderamente digno de envidiar.
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