lunes, 21 de mayo de 2012

En negro

Solían decirme que yo tenía algo que ver con el carisma, o él conmigo. 
Pero no está.
No recuerdo como era. Debe haberse escondido en algún hueco cóncavo con besos de ayer no queriendo pensar en mañana por miedo a hoy. ¡Carisma! ¡Vente! Aquí hay paredes marrones que saben a chocolate.
Sé que estarías bien conmigo. Complicidad. Acuérdate. Tú tacto... No sé.  Masa uniforme que se desprendió de mí. 


domingo, 20 de mayo de 2012

Tú en Cabo Cañaveral haciendo pompas


Hoy me encontré con un androide. Yo mascaba chicle. Pasó un coche con la canción Livin' On A Prayer y me agarró bruscamente. Su cara era tierna. Me dijo “Hay una misión, cada vez que suene esta canción tengo que matar a alguien.” Entonces me empezó a dar golpecitos con su nariz y a soplar por ella. Me reí. “No te puedes reír se supone que tienes que tener miedo”. Le dije “¿Cómo vas a matarme así?”. Me vio hacer un globo con el chicle y se quedó asustado. Curioso. “¡Cómo haces eso! ¡Yo no sé!”. Intenté enseñarle pero era ridículo. Sólo hacía pedorretas con la boca. Qué simpático. No le vi la maldad en ningún recóndito lugar de sus articuladas extremidades. Se le puso cara triste “Ya sé porque no puedo hacerlos. Soy un androide. No tengo alma”. Quién me iba a decir que esa conclusión iba a ser tan amarga. Le restregué un globo de chicle suavemente por el cuello, deslizándolo.


Me empezó a contar que estaba involucrado en una misión muy secreta de la CIA. Que trabajaba con sus compañeros los Lactore a los cuales había conocido haciendo la mili en Cabo Cañaveral. Quería seguir contándome pero no recuerdo con que lo interrumpí. Le hice una pregunta. Debía ser compleja porque el único sonido que salió de sus brillantes ojos fue “ERROR DEL SISTEMA”.
“Y esto lo has hecho tú” pensé.



domingo, 6 de mayo de 2012

Serpenteante

En un desierto explícito en el que ya ni sientes sed,
déjame ser el espejismo que te saque de tu duda súbita.
De tu enrojecimiento repentino, de tu sino malcriado. 
Sacarte de esa obcecación sinuosa para traerte a jugar conmigo a las palabras.
Jugar conmigo a la eternidad. Oasis.

A mí tampoco me gusta. Textos optimistas. Sólo un poco más.

Cuando la indiferencia me roza siento una cosquilla incómoda, se me hace una grieta que une los poros de la piel para separarlos después. No podemos luchar contra ello, no podemos girarnos para ver lo que se deja detrás porque nos escupen en los ojos y la única elección válida es mirar hacia el cielo, que es el límite, el límite que pones tú si dejas de quejarte cada día por cosas banales, terrenales, triviales, déjalo ya, deja de hablar de coches, de fútbol y de decir que te duele un brazo, hay cosas más importantes, al fin y al cabo eres insignificante. Nada, una nimiedad caprichosa que el universo se empeñó en tener aquí por unos años. No serás para siempre, ni tú ni nadie, así que deja de creerte importante.