Hoy me encontré con un androide. Yo mascaba chicle. Pasó un
coche con la canción Livin' On A Prayer y me agarró bruscamente. Su cara era
tierna. Me dijo “Hay una misión, cada vez que suene esta canción tengo que
matar a alguien.” Entonces me empezó a dar golpecitos con su nariz y a soplar
por ella. Me reí. “No te puedes reír se supone que tienes que tener miedo”. Le
dije “¿Cómo vas a matarme así?”. Me vio hacer un globo con el chicle y se quedó
asustado. Curioso. “¡Cómo haces eso! ¡Yo no sé!”. Intenté enseñarle pero era ridículo.
Sólo hacía pedorretas con la boca. Qué simpático. No le vi la maldad en ningún recóndito
lugar de sus articuladas extremidades. Se le puso cara triste “Ya sé porque no
puedo hacerlos. Soy un androide. No tengo alma”. Quién me iba a decir que esa
conclusión iba a ser tan amarga. Le restregué un globo de chicle suavemente por
el cuello, deslizándolo.
Me empezó a contar que estaba involucrado en una misión muy
secreta de la CIA. Que trabajaba con sus compañeros los Lactore a los cuales
había conocido haciendo la mili en Cabo Cañaveral. Quería seguir contándome
pero no recuerdo con que lo interrumpí. Le hice una pregunta. Debía ser
compleja porque el único sonido que salió de sus brillantes ojos fue “ERROR DEL
SISTEMA”.
“Y esto lo has hecho tú” pensé.
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