Un joven periodista recibe una llamada de su jefe a las seis de la mañana que lo despierta repentinamente. Después de colgar, medio dormido todavía, palpa la mesilla de noche y se pone sus gafas, unos pantalones encima de los calzoncillos que ya tenía y una camiseta blanca, se quita las legañas de los ojos con los nudillos, se lava la cara torpemente, se cuelga la cámara al cuello y sale por la puerta.
El hombre se presenta en el lugar de los hechos, un autobús ha chocado con un par de vehículos particulares y ha volcado en una rotonda. Ojea esto y aquello, pasea adelante y alrededor y se percata...
"¿Sólo ha habido heridos leves? Entonces no es noticia".
Se va, gritando como un loco en su silencio aletargado, "política periodística".
