sábado, 17 de noviembre de 2012

Trémulo estremecimiento

Pasando a limpio notas del móvil, evitando a toda costa el método Stanislavsky.
Mejor mirar en el correo. Desprenderme de todo lo que necesito para poder sentir una pequeña caricia de libertad. Evitar guardar un recuerdo. Remoto. Porque cada vez que parpadeas la oscuridad se desvanece en algún lugar. Fotograma a fotograma voy apreciando tu sonrisa por encima de cualquier cosa. Mejor recojo mis folios manchados de esperanza y me tiro por la ventana, de todos modos, la caída iba a ser igual de dolorosa. Y esto mejor, que quede entre tú y yo. 

Quiero alejarme de mi ámbito, pero no hasta la luna. No tan lejos. 
Oigo un grito, me giro y veo como una luciérnaga hace dibujos encima de una bandera en mi imaginación. La aplasta un pie gigante y fascista. No se lo esperaba nadie pero el pie lloró todo el día en la puerta de un cajero. Sabía que podía dar más e iba a intentarlo, pero como todo lo demás, fue asesinado por un banquero de traje, muy rico, muy prepotente en su camisa de seda que yo misma me atreví a rajar hilo a hilo, entraña a entraña. Me sacudo un poco la cabeza y vuelvo a mis historias de ámbito y luna, realidad irreal. Gracias.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tengo un proyecto

Un ser en espiral, fino como un hilo camina por el espacio, ¿no te das cuenta?
Sólo quiere ser libre y encontrar al fin su circunferencia que lo complete como un melón y una naranja rodando cuesta arriba. 
Reírse a carcajadas con ella y plantar una semilla de verosimilitud y esperanza en su maceta trivial. 
La circunferencia que esperas es conveniente como un rayo y seguro que apretará el gatillo ante tu indiferencia. La sangre derramada constituirá un planeta, esta vez eterno, de glóbulos infelices nacidos de un sombrío destierro. 


Jam

El encanto que me produce serle infiel a la realidad me hizo entrar en aquella casa. Ahora era cuando mi vida entraba en Standby. 
Consúmeme, absórbeme, ya está, ya he alunizado en tus pupilas. 
Vuelvo a coleccionar papeles de juguete. Adivinamos un sonido musical que viene de la ventana.
Se acerca a ella mi yo paralelo.
- ¡Eh! ¿De dónde viene esa guitarra? -.
La música se sigue oyendo, esta vez acompañada de una voz masculina. Bueno, que mi alter ego vuelve a intentar averiguar de donde proviene. Le pica la curiosidad porque es el sonido más adecuado al momento que jamás había escuchado. 
- ¿Quién eres? -. 
Resultó ser el vecino de abajo y con unas copas de más porque no iba a adentrarme en esa dimensión, si total ya... Invitada, eso sí.
Me reciben dos perros. Yo todo esto lo digo como espectadora, eran bonitos y agradables. Sonaron allí mil canciones con delirios de mediocridad y hasta me animé a cantar. Cuando me fui, olvidé la chaqueta.