El encanto que me produce serle infiel a la realidad me hizo entrar en aquella casa. Ahora era cuando mi vida entraba en Standby.
Consúmeme, absórbeme, ya está, ya he alunizado en tus pupilas.
Vuelvo a coleccionar papeles de juguete. Adivinamos un sonido musical que viene de la ventana.
Se acerca a ella mi yo paralelo.
- ¡Eh! ¿De dónde viene esa guitarra? -.
La música se sigue oyendo, esta vez acompañada de una voz masculina. Bueno, que mi alter ego vuelve a intentar averiguar de donde proviene. Le pica la curiosidad porque es el sonido más adecuado al momento que jamás había escuchado.
- ¿Quién eres? -.
Resultó ser el vecino de abajo y con unas copas de más porque no iba a adentrarme en esa dimensión, si total ya... Invitada, eso sí.
Me reciben dos perros. Yo todo esto lo digo como espectadora, eran bonitos y agradables. Sonaron allí mil canciones con delirios de mediocridad y hasta me animé a cantar. Cuando me fui, olvidé la chaqueta.
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