Esto es una locura muy poco carismática y sin sentido. Que ridículo que no pueda salir de mi espiral de vocabulario surrealista, de alguna manera conexo a mis ramificaciones gracias a la unión en mi vida entre la ficción y la realidad. Intentaba ser siempre sarcástica de algún modo. Y muy poca gente lograba comprenderlo. La ironía, esa dulce pasajera.
Que no te vuelva loco, la mezcla de las cosas. La vida es así, se pone heterogénea en el mejor de los casos. Respiras como si fuera algo trivial, pero es vital. Sutil como el ruido que hace un ojo al abrirse.
Sala de castigos y sonidos terroríficos.
- ¿Pero qué hacemos aquí? ¿Cuántos años tenemos?
- Algo habremos hecho, eso sí, esto está un poco obsoleto, o eso pensaba yo.
- ¿Y si es irreal? ¿Qué es esto que tienes aquí?
- Ah, esto, lo hice con cosas que reciclo.
- Qué interesante, entonces, ¿eres un ecologista de esos?
- Si por ello entiendes que me gusta respetar la naturaleza sí, lo soy.
- Bueno, hagamos lo que hemos venido a hacer.
- Sigo sin saber la razón por la que estamos aquí.
- Tenemos que desenterrar unos cuerpos.
- ¿¿¡Qué!?? Tú puta madre va a desenterrar unos cuerpos.
- Es para lo que hemos venido, es la forma de pagar.
- Yo no le debo nada a nadie, es más, siempre dejo propina.
- O sea, que según tú, todas las cuentas están saldadas.
- Sí, yo me voy de aquí, esto es muy raro.
- Vete amigo, pero no hay escapatoria. No hay vuelta atrás, antes de irte, tienes que ayudarme.
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