Con toda la sinceridad de mi raciocinio, no quiero que sepa que estoy aquí.
Quiero desatarme los cordones.
Tengo miedo.
Gente besándose en unas galerías.
Todas las escamas.
Cada escama...
Me pertenecen.
Te merezco y aún no me desvestí.
Déjame ir por mi callejón que grita sutil y sigiloso como una pluma.
Recorta el borde de mis ideas, sobre todo allí donde hubo ilusiones.
Olvidaste tus tijeras relucientes y siempre escucho la misma canción porque la tele se ha vuelto loca.
Los operadores han muerto a los mandos y ahora se repite lo mismo sin parar.
¡Otra vez!
La tiro, la tiro por la ventana.
Suicidio sobre las rosas, testigos oculares del sentido.
Me telefonea una duda pero no le voy a coger, dejo que suene.
Sé como captar tu placer, fotografiando la obsesión.
Alejados de los torcidos caminos, ciegos, llenos de espinas.
Engaños de semblantes oscuros se han ido allí.
Este es el viaje al que me han invitado.
El hogar que frecuento.
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