lunes, 20 de mayo de 2013

Algo hago mal.



Si no necesito más luz,
¿para qué voy a gastarla? 
A veces me gusta sentarme en un portal a escuchar el silencio de las máquinas.
Y en esta oscuridad sólo alumbra el humo de tu camino perdido y sin rumbo.
El eco de tu voz resuena por las paredes de mi cráneo.
Es un secreto que nunca te voy a contar porque supera los límites de tu realidad.
Aférrate a lo que tengas a mano, está bastante claro que no te estoy hablando a ti.
Aunque lo que está claro es relativo, igual de relativo que el tacto de un cuerpo, según quien lo toque, según quien lo mire.
Se consume el tiempo sin el adjetivo lento.
Y tu cuerpo contento se aferra a vivir
una felicidad acomodada prefabricada de sentimientos.
Yo sin embargo, siento libremente lo que tú nunca llegarás a sentir.
¡Qué pena!, o qué fortuna…
Si quiero rimar cigarrillo con pitillo es que empiezo a estar no cuerdo.
De todas formas que más da:
La ignorancia de la desilusión, que se acabe tu cigarrillo.
Y sin ganas, lío el último pitillo.
Automáticamente, como llega la reminiscencia de tu piel sin ser llamada,
sin ser nombrada.
Descontrolada se acerca veloz y choca con una fuerza atroz en mi existencia.



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