Si no necesito más
luz,
¿para qué voy a
gastarla?
A veces me gusta sentarme en un portal a escuchar el silencio de las
máquinas.
Y en esta oscuridad
sólo alumbra el humo de tu camino perdido y sin rumbo.
El eco de tu voz
resuena por las paredes de mi cráneo.
Es un secreto que
nunca te voy a contar porque supera los límites de tu realidad.
Aférrate a lo que
tengas a mano, está bastante claro que no te estoy hablando a ti.
Aunque lo que está
claro es relativo, igual de relativo que el tacto de un cuerpo, según quien lo
toque, según quien lo mire.
Se consume el tiempo
sin el adjetivo lento.
Y tu cuerpo contento
se aferra a vivir
una felicidad acomodada
prefabricada de sentimientos.
Yo sin embargo,
siento libremente lo que tú nunca llegarás a sentir.
¡Qué pena!, o qué
fortuna…
Si quiero rimar
cigarrillo con pitillo es que empiezo a estar no cuerdo.
De todas formas que
más da:
La ignorancia de la
desilusión, que se acabe tu cigarrillo.
Y sin ganas, lío el último pitillo.
Automáticamente, como
llega la reminiscencia de tu piel sin ser llamada,
sin ser nombrada.
Descontrolada se
acerca veloz y choca con una fuerza atroz en mi existencia.
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