El gato trepa por las paredes matando arañas,
pero el mundo va a seguir o va a estallar y yo ya no voy a estar.
Me muero.
Lo sé.
Lo siento.
Este es mi cuerpo.
Y estas cosas se saben, ¿no?
Lo puedo asimilar.
Sabiendo que disfruté de cada día.
Que si leí tus textos,
Que si me organicé.
No.
No me interesé ni por ti,
ni por mí.
Qué puede ser más triste,
Una vela mojada,
Una cama vacía,
O una noche de hospital.
Yo ya no sentía.
Después de haber sentido tanto
Ahora daba todo igual.
Y qué puede haber más triste,
Las horas sin tu almohada,
El disfraz de la mañana,
El adiós eterno de tu mirada.
Una historia de cafeína furtiva en el bolso,
Alguna copa de más,
Mancha en el pantalón por el césped del parque,
Sólo por disimular.
Torbellino, ¿de qué?
De malestar,
De sonrisas fingidas,
Bolígrafos gastados y besos en algún bar.
Momentos intermedios que sólo sirven para pasar.
Esto acabará algún día, mientras tanto escribo y bailo.
Sonrío e ignoro, sino no puedo.
Muero.
El último de la noche se unificó con el primero de la mañana
y nunca llegó a haber un descanso tranquilo.
Abstinencia de besos,
Lenguas y dedos en el coño.
Necesitamos tocarnos para no sentirnos putrefactos.
Dueños de nuestros pasos,
Desafiamos al tiempo manteniendo la esperanza,
Aunque sea coja o ciega. Quien pueda.
El inconformista, el que tenga valor,
por él brindo hoy
Y masturbo mi cerebro
También pensando en destripar a la desidia de mañana
Muero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario